duare: (welling travieso)
[personal profile] duare
Título: Un Break My Heart #6
Autor: [livejournal.com profile] duare
Fandom: Harry Potter
Personaje/Pairing: Harry/Draco
Prompt: #047 Corazón, por el corazón que Harry se propone recomponer.
Rating: PG
Resumen: Alguien me dijo una vez que no había nada más grande en el mundo que amar y ser corrspondido. Yo le repondí que quizás recuperar un amor perdido.
Advertencias:
Notas de Autor: Dedicado a [livejournal.com profile] gaia_naturae, por su 22 cumpleaños. Beteado a por [livejournal.com profile] aviss. Lo he terminado de escribir más de un año después de publicar las tres primeras partes, colgado en internet por primera vez para [livejournal.com profile] fanfic100_es, así que es inédito hasta el momento. Sólo lo habían leído la chica del cumpleaños, aunque en una versión más chapucera, y la beta (obviamente)
Total Palabras: 7.143

Anteriores: Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, Capítulo 4a, Capítulo 4b, Capítulo 5



UN-BREAK MY HEART


6. Un-break your heart


Desde que Harry decidiera intentar unir de nuevo al viejo grupo de amigos, colegas y compañeros, se habían ido reuniendo habitualmente en varios grupitos.
Hermione y él, ambos también con Ron, con y sin las respectivas parejas de ambos. Los gemelos, Lee, Ron, Seamus y él con Dean, Neville y Draco. La ocasión en la que se reunieron más fue en la cena en casa de Hermione que había dado inicio al tórrido romance entre Ginny y Víktor. Era por eso que la barbacoa en casa de Neville, en la mansión Longbottom, iba a ser especial. Por primera vez se iban a reunir todos. Ambos grupos al completo, lo cual sumaba una cantidad francamente impresionante de gente, ya que todos aquellos con pareja e hijos los iban a traer también. Al fin y al cabo, la idea de la barbacoa había surgido como comida de despedida para los jóvenes que al día siguiente iban a coger el Expreso de Hogwarts: los dos gemelos de Charlie y la pequeña Nausicaa, quien estaba a punto de iniciar su primer curso.

Suerte tenemos, pensó Draco mientras iba guardando en una bolsa las fiambreras que Winky iba llenando de la ensalada de patata, preparada la noche anterior bajo estricta supervisión de Draco, que la mansión de Neville es grande, quizás no tan grande como Malfoy Manor, pero si más que suficiente para esta barbacoa campestre. ¿De quien diablos fue la idea de organizar esto? No que no vaya a estar bien, pero la cantidad de comida, bebida y otras cosas a preparar va a ser casi tan grande como cuando mi madre organizaba una de las famosas fiestas de la alta sociedad.

- ¡Papá! Ven, que necesito ayuda. –gritó Elora, seguramente desde su habitación, por lo amortiguado que sonó-

- Eli, estamos empaquetando la comida en la cocina, así que baja tú, y de paso a ver si nos ayudas un poco,- le gritó en respuesta. Ya la habían tenido a primera hora de la mañana cuando Eli se había negado a levantarse, más tarde se habían discutido por la ropa, así que al final, ya cansado de tanta discusión se había bajado a ayudar a Winky.

Se escucharon pasos ajetreados en el piso superior hasta que finalmente, trotaron por la escalera hasta dejar ver a una acalorada Elora Danan por la puerta de la cocina.

- ¿Papá? ¿Voy bien? –y con esas palabras Elora se paseó frente a su padre, dando un vuelta ahora hacia aquí, ahora hacia allá. Llevaba puesto un pantalón tejano no muy grueso, unas zapatillas Converse con la tela en color verde, una camiseta de de tirantes de rayitas finitas verdes y negras y una sudadera en negro con una bonita ilustración de una ninfa en la espalda que se iba moviendo a ratos.
Con el cabello rubio suelto, cayéndole a tirabuzones rubios por sobre los hombros, Draco se sorprendió al él mismo preguntándose cuando su pequeña se había convertido en un preadolescente. Con sólo diez años, su pequeña Elora tenía ya toda la apariencia de una hermosa jovencita, cierto que aún tenía cuerpo de niña, pero comenzaba a crecer, pronto se marcharía a Hogwarts, lo dejaría solo, crecería, se enamoraría de algún mago o bruja que obviamente no la mercería y saldría de su vida como hacían todos los hijos. Una sensación de frío se le formó en el estomago. La idea de que su pequeña creciera le daba miedo. Miedo a quedarse de nuevo solo. Si había conseguido ir tirando durante esos años era gracias a Elora, sabía que tenía que ser fuerte por ella, pero cuando ella se fuera... Ya no de forma definitiva, pero sólo haciendo un salto de año Eli iniciaría Hogwarts y la casa se le caería encima, la falta de la alegre voz de su hija le pareció de pronto la cosa más difícil de afrontar.

- ¿Papá? –volvió a preguntar Elora, esta vez con tono preocupado, acercándose a su padre y cogiéndole una mano. Draco despertó de sus divagaciones y miró a los ojos de su hija.

- Estás preciosa, como siempre cielo... –le contestó acariciándole el cabello- ¿A qué viene tanto interés? ¿Hay algo que debería yo saber? –terminó guiñándole un ojo.

- ¡Papá! – Se quejó Elora ante su insinuación- Claro que no, sólo tengo diez años, soy muy joven para pensar en esas cosas. –Respondió muy digna y seriamente, ante lo que Draco soltó una risotada y le plantó un beso en la mejilla- Eso, ríete de mí, yo que estaba preocupada por dar buena impresión a todos. Como van a venir tantas personas nuevas... A algunos no los hemos visto estas semanas, y quiero que vean lo guapos que somos los Malfoy. –Concluyó cruzándose de brazos y mirando de arriba abajo a su padre- ¿Vas a ir así?

Draco repasó su atuendo, más informal de lo que solía llevar, pero no era día para ir de etiqueta. Con unos pantalones vaqueros de color azul gastado, algo bajos de cintura, lo suficiente como para dejar ver el borde de bañador de lycra azul que vestía debajo. Sonrió malicioso, sabía el efecto que daba, con los pantalones medio resbalándole, mostrando no sólo lycra azul del bañador sino también sus marcados huesos de la cadera, había cierto mago que de seguro caería de su escoba con sólo mirarlo.

Golpe mental, Draco, se recordó a él mismo, no vas a flirtear con Harry, ni a intentar ponerlo celoso. Vas a tratarlo como al resto de personas, como si sólo fuera un simple conocido, un viejo amigo... Cuando vuelva ya me dejaré caer...

Continuó repasado su atuendo. Sandalias deportivas, y camiseta de cuello de barca, que el mismo había cortado para que no le molestara, a rayas blancas y azul oscuro. Se pasó una mano por el cabello. Le estaba volviendo a crecer y lo llevaba libre de ningún producto de fijación, aún algo húmedo por la ducha rápida que se había dado. Le sonrió a su hija y elevando una ceja la miró divertido.

- Estas muy guapo... ¿Hay algo que debería saber? –le replicó en contrapartida a su propia broma. Draco sólo le sonrió, le revolvió el cabello y se giró para guardar el resto de fiambreras que Winky había empaquetado ya. De espaldas a su hija, hablando con ella como si nada hubiera pasado trató de controlar las emociones que la pregunta inocente de su hija le había provocado.


Una hora más tarde, con dos bolsas llenas de fiambreras con ensalada de patata; una mochila con ropa de recambio, toallas e incluso ropa por si caía algún uno a uno con Dean; la nueva escoba de Elora, quien iba dispuesta a enseñarle al Sr. Potter que los Malfoy eran los mejores buscadores ante lo cual Draco sólo sacudió la cabeza con un sonrisa triste; y una mochila con ropa y demás cosas que según Eli le iban a ser imprescindible para pasar el día, por fin pudieron marcharse de casa, dejando avisada a Winky de que estuviera atenta por si la necesitaban. Y con eso, se dirigieron a casa de Neville y Dean.

- ¡Longbottom Manor! –gritó Elora, desapareciendo en una gran llamarada.

Draco observó a su hija marcharse. Respiró hondo y cogiendo un pellizco de polvos flú, se preparó para encarar lo que de seguro iba a ser una día muy, muy largo.

- ¡Longbottom Manor!

Segundos después de encontraba en el recibidor de la mansión de Neville. Elora aún estaba allí, y parecía impaciente por asegurarse de que él llegaba bien para poder correr a buscar a Kabul, puesto que le estaba preguntando a Neville dónde podía encontrar a su amigo.
Draco dejó las bolsas en el suelo, y tras abrazar a Neville dejó que Elora se fuera a campar libre con un divertido: “anda, lárgate ya pitufa, que se te ve que mueres de ganas”, en respuesta Elora salió corriendo rumbo la habitación de Kabul gritando por el camino que no la volviera a llamar pitufa, y mucho menos en público.
Neville le dio unas palmaditas en la espalda al ver la mirada triste con la que había seguido a su hija.

- Crecen muy rápido, ¿verdad? –le dijo comprensivo, él y Dean debían estar pasando por lo mismo, aunque al menos ellos se tenían el uno al otro.

- Demasiado... –le respondió con una sonrisa- Nos hacemos viejos, Neville.

- Pero nos conservamos bien.- le respondió el aludido- Voy a ver que no destrocen nada, mi pobre abuela no creo que pueda soportar la pérdida de otro jarrón más. Hermione, Terry, Kastor, Anthony, Ron y Lavander han llegado ya, están fuera. Creo que Ron trata de encender un fuego a la muggle, con poco resultado debo añadir. –puntualizó con una risita, y con esos se fue corriendo escaleras arriba al escuchar el ruido de cosas cayendo estrepitosamente, gritando por el camino- ¡Kabul Longbottom! ¡¿Cuántas veces he de decirte que no se vuela dentro de casa!?

Draco meneó la cabeza, riendo suavemente. Al menos por hoy, las broncas se encargaría Neville de darlas. Aunque ya pillaría a Elora en algún momento y le recordaría las normas de comportamiento en casa de otras personas, entre las que obviamente no entraba destrozar parte de la decoración.
Estaba a punto de dirigirse hacia el exterior, al gran jardín donde estaban los demás cuando el sonido de unas campanas sonó a sus espaldas. Miró a su alrededor y al no ver a Dean por ningún lado, gritó en dirección a Neville con la varita en su garganta para amplificar el sonido:

-¡Ya me encargo yo!- a los segundos, justo cuando escuchó un “gracias” desde alguna habitación del piso de arriba una llamarada surgió de la chimenea y de entre una nube de ceniza apareció Harry Potter.

¡Maldita sea mi suerte! Pensó Draco, preparándose para encarar a Harry como si fuera lo más normal del mundo, unos amables saludos y pim, pam...

Pero la visión de Harry todo lleno de hollín tosiendo, reavivó tantos recuerdos... Y simplemente no lo pudo evitar, se acercó a él, y le sacudió un poco el hollín del cabello. Harry se lo quedó mirando con sorpresa, casi como si no creyera que realmente lo tuviera justo delante de él. Draco sólo le sonrió y susurró el hechizo que tantas veces había usado en el pasado para limpiar a Harry de sus desastrosos desplazamientos por flú.

- ¿Tantos años y aún no sabes ir por flú sin mancharte? –le preguntó aún aguantado la sonrisa pero separándose con lentitud de Harry. Dolía sentir la distancia física entre ambos, pero más dolía estar cerca de él. Draco respiró hondo, para tranquilizarse, sabía que si sobrevivía a este primer encuentro el resto del día iría más o menos bien. El olor de Harry tan cerca de él no le ayudaba demasiado, pero en un esfuerzo casi sobrehumano consiguió recomponerse en milésimas de segundo.

Harry aún se encontraba como en estado de shock, le había costado bastante juntar el valor suficiente para viajar vía flú, pero abrir los ojos y encontrarse a Draco a meros centímetros de él, sonriéndole y tocándole el cabello... En su opinión se merecía un galardón por no haber agarrado a Draco de la nuca y haberlo besado.
La voz de Draco le sacó de su ensimismamiento, se miró de arriba a abajo y tras comprobar que el otro mago lo había limpiado, como siempre hacía en el pasado, se lo agradeció con un simple gracias, no seguro de poder decir mucho más sin comprometer el nerviosismo que sentía.

- Venga, vamos... Neville me ha dicho que no somos los primeros en llegar –le dijo Draco, levitando las bolsas, y dirigiéndose hacia una de las puertas de la sala.-Ven, es por aquí. –Y una vez ya seguro de que Harry lo seguía, añadió- ¿Vienes de vacío? Recuerdo que Hermione me dijo que habíais quedado para ir a comprar...

- Lo llevo reducido todo en una bolsita dentro de la mochila –le respondió señalando la mochila a sus hombros. Hombros anchos y fuertes, cubiertos por una simple camiseta blanca. – No me fiaba de que llegaran intactas de otra manera, con lo bien que la red flú y yo nos llevamos...

- Cierto... –fue lo único que dijo en respuesta, devolviéndole la sonrisa a Harry y perdiéndose cada uno de ellos en sus propios pensamientos.


Neville había tenido razón, fuera en el jardín un grupito de magos y brujas disfrutaban del sol y de la buena compañía mutua, además del espectáculo que Ronald Weasley estaba montando tratando de encender la barbacoa a lo “muggle”.

- ¡Draco!-gritó Hermione que descansaba sentada en una silla. La sorpresa dibujada en el rostro al verlo llegar junto con Harry.- ¿Habéis venido juntos? –preguntó algo suspicaz, mirando a Harry con reprobación.

Draco no tuvo más remedio que apiadarse de la cara de consternación y bochorno que puso Harry ante las posibilidades que dejaba abierta la pregunta de Hermione.

- ¡Hola a todos! –dijo alzando la mano para dar un saludo general, y mirando a Hermione, añadió- Y no, señorita meto-me-en-todo, nos hemos encontrado en el recibidor, justo cuando yo venía hacia aquí, llegaba Harry y muy amablemente lo he acompañado ya que los anfitriones se encontraban ocupados.

Hermione lo miró apreciativamente, pero se abstuvo de hacer algún comentario al ver la severa mirada que Draco el lanzó, y se limitó a encogerse de hombros y decir moviendo sólo los labios sin emitir ningún sonido. “luego”.

A partir de aquí los recién llegados se separaron. Harry fue a ver un rato a su amigo Ron, quien continuaba abanicando con ahínco la leña sin que de esta apareciera en ningún momento un fuego espontáneo, y a espaldas a Ron, Harry y Dean se reían de sus esfuerzos. Poco a poco fueron llegando los demás invitados y las presentaciones necesarias fueron hechas en el caso de aquellos que aún no habían tenido la oportunidad de conocerse. Como en el caso de Luna y Padma, que aunque ya conocían a Sígrid, la secretaria de Draco, y a su pareja Leire, no habían podido conocer aún a Adriana y Astrid, ambas compañeras de trabajo de Dean, y la hija pequeña de ambas: Cyntia.
El clan Weasley llegó al completo, montando gran algarabía por el camino, pues venían todos en un portkey, y tuvieron un aterrizaje algo accidentado. George y Kathy, Fred y Lee, Ginny y Víctor, quien simplemente se apareció puesto que ya conocía el lugar, Charlie y su esposa Diptibahen más sus dos hijos, Percy y Penélope junto con la hija de ambos, y para sorpresa de muchos, Bill y Kingsley.

Hermione y Draco, que se habían retirado a la zona de la piscina, para que Draco pudiera tomar tranquilo el sol e incluso bañarse si le apetecía, enviaron sus saludos a todos a distancia, poniendo siempre como excusa que a Hermione le costaba mucho levantarse de la tumbona, causando un ataque de risa a Terry quien sabía que era la excusa más mala que mago y bruja habían puesto en toda su vida. Pero a ninguno de los dos pareció importarles.
Draco, quien conocedor de la mansión de Neville, venía preparado para bañarse, no tardó mucho en desvestirse y lanzarse de cabeza a la piscina para dar un par de largos. Una vez satisfecho, salió para secarse tomando el sol, y Hermione casi se ahogó de risa al escuchar de fondo sonidos de cacharos cayendo al suelo: a Harry se le habían caído las bandejas que aguantaba al encontrarse a lo lejos con la visión de Draco prácticamente desnudo, mojado, con el sol iluminándole la cara.

Harry, quien había estado llevando unas bandejas para poner las verduras, tuvo que morderse el labio para no emitir una especie de gruñido gutural ante la imagen frente a él.
Draco, Draco mojado, Draco mojado en bañador... Y piel blanca y suave por todas partes... repetía su mente una y otra vez. Tan concentrado estaba en la visión que ni notó las bandejas deslizándosele de las manos. En esa ocasión fue Bill el que se apiadó de él, y con unas suave palmaditas en el hombro le susurró.

- Contrólate Harry, ¿no querrás hacer el ridículo delante de él? –Harry sólo lo miró interrogante- No me mires así, si yo fuera tú también trataría de volver con él. Draco tiene algo especial, serías un idiota si no quisieras volver a tenerlo junto a ti.

Por unos momentos Harry lo miró confuso, hasta que se dio cuenta de lo que las palabras de Bill daban a entender. Una expresión de horror, rabia y celos se dibujó en sus facciones.

- ¿Cuándo? –siseó furioso.

- Poco después de dejarlo con Fleur. –le contestó Bill, sin ningún tipo de preocupación ante el furioso mago que tenía frente a él y que parecía dispuesto a romperle la cara en cualquier momento- Con mi trabajo en las oficinas de Gringotts y Draco como abogado nos hemos ido viendo de tanto en tanto. Pero en aquel momento fue algo que necesitábamos ambos. ¡No pongas esa cara! Fueron sólo un par de veces, la cosa no iba a ningún lado. Draco me recordaba demasiado a Fleur y él, quisiera o no reconocerlo, continuaba enamorado de ti. ¿Quién sabe? Puede que aún lo esté... –concluyó con un guiño.

El enfado se le pasó de golpe. Miró con ojos esperanzados a Bill, una sonrisa tonta en el rostro, y después de darle un suave puñetazo en el hombro se fue contento hacia la zona en la que los niños estaban volando. Bill sacudió la cabeza divertido, recogió la bandejas y siguió a Harry, lanzándole por el camino un beso a Kingsley quien estaba sentado junto a Charlie y Kastor, los tres hablando muy animadamente.

A cierta distancia de allí, Hermione había observado todo el intercambio de palabras, prestando especial atención a las expresiones de Harry. Había observado deseo, perplejidad, sorpresa, reconocimiento, celos, rabia y finalmente esperanza y hasta felicidad. Fuera lo que fuese que Bill le hubiera dicho había hecho que el otro mago prácticamente flotase.
Se volvió hacia Draco, quien si había observado el suceso no lo le había dado más importancia, y observó a su amigo tomando el sol. Podía entender que Harry se hubiera descontrolado al ver a Draco así. Hasta ella que era una mujer felizmente casada y para la que Draco era como un hermano, tenía que reconocer que éste era increíblemente atractivo. Tenía un rostro que sólo podía ser definido como bello, y físicamente era como una de esas esculturas de mármol que había visto en varios museos, de cuerpo delgado pero atlético, y el conjunto con su carácter e inteligencia hacían de él un hombre muy, pero que muy atractivo. Un gran partido, si se tenía en cuenta su buen trabajo y su creciente fortuna conforme recuperaba el legado de su familia.

Sí, será un hombre muy atractivo, pero si continúa así acabará como una gamba, pensó, poniéndole por encima un hechizo de protección solar.

- Gracias... me había quedado medio dormido. –le agradeció Draco, incorporándose un poco y sonriéndole. Ya más despierto, atrajo la bolsa de sus cosas y tras rebuscar un poco sacó dos frascos y comenzó a aplicarse ambas lociones por todo el cuerpo.

- ¿Las has hecho tú o las has comprado? –le preguntó su amiga ojeando uno de los frasquitos y oliéndolo con cuidado. Draco se lo quitó de las manos y la miró indignado.

- ¿Perdona? ¿Comprar yo una poción? Me ofendes Hermione, –le respondió divertido- Jamás me permitiría tratar mi delicada piel con lociones, pociones, y ungüentos preparados por algún mago anónimo.

- Cierto, cierto... Aún recuerdo cuando confesaste que hasta el lubricante preferías preparártelo tu mismo. –le replicó riéndose su amiga- Al fin y al cabo, ¿qué es más íntimo y personal que un lubricante? Me tendrías que hacer uno alguna vez. Mmm... De sabor cereza si se puede escoger, me encanta con sabor cerezas, y a Terry bien.

- Eso, tu échame sal en la herida. ¡Oh mujer cruel! – respondió Draco tapándose el rostro y emitiendo un suspiro.

- ¡Vamos, vamos! No será tanto, hombre. –le animó Hermione.

- Hermione, –le dijo mirándola con un brillo que denotaba que a pesar de hablar en serio, se lo estaba tomando en broma- hace tanto que no echo un polvo que creo que se me va a olvidar como se hace.

- ¡Serás exagerado! –Respondió su amiga entre risas- Cualquiera diría que hace años que no follas, sólo han sido unos meses. Y no te preocupes, dicen que es como volar en una escoba, una vez que aprendes nunca más se olvida.

- ¡Más me vale! Aunque espero no tener que comprobarlo en carne propia. Tengo agujetas en el brazo, y a este paso me saldrán hasta durezas en la mano. –consiguió decir entre risas, viendo la cara de indignación de su mejor amiga.

- ¡¡Draco!!

- ¿¡Qué!? –Replicó aún riéndose- No es broma, y yo siempre he tenido unas manos muy delicadas.

- Pues deja de masturbarte con tanta regularidad. ¡Por Merlín, Draco! Que no eres un adolescente. No te vas a morir por unos meses de abstinencia. –La respuesta de la bruja también entre risas-

- Debería saber, señora Boot, que el cuidado de la libido es algo tan necesario como el resto de la higiene personal. –Contestó en un tono puramente educativo, prácticamente imitando al antiguo profesor de ambos Severus Snape- Así que yo, al igual que cada día me lavo los dientes, me peino y me ducho, también me la casco una vez al día, -y sacándole la lengua, concluyó- por lo general en la misma ducha.

- ¿Cada día? ¡Draco eres un adicto al sexo!

- ¿Perdona? ¿Cómo voy a ser un adicto al sexo si llevo meses sin que me den caña? Además, es muy fácil hablar desde tú posición. Con tu atento y servicial marido dispuesto a cumplir con sus obligaciones conyugales con sólo una palabra tuya.

Hermione refunfuñó algo para ella sobre barrigas de ocho meses, y Draco sólo sonrió malicioso.

Bien, bien, bien... Parece que no soy el único en dique seco, pensó con humor, compadeciendo tanto a Hermione como a Terry.

- Draco... ¿Por qué no sales una noche de estas? Terry y yo nos podemos quedar con Eli, y tú sales a tomar algo. Te diviertes, que bien sabemos los dos que buena falta te hace, y ¿quién sabe? Quizás tengas suerte y triunfes, con lo atractivo que eres no creo que sea un problema. –Hermione se lo decía con toda la sinceridad del mundo. Puede que quisiera ver a Draco junto a Harry de nuevo, pero si Draco necesitaba un revolcón para aliviar toda esa presión que iba acumulando, ella iba a hacer todo lo posible por facilitarle las cosas, pese a saber que de saberlo Harry se pondría celosísimo.

- No Hermione, gracias por la oferta, pero no... –le respondió, todo el buen humor olvidado de golpe- No me siento realmente con ánimos. Por el momento me quedaré con mi mano derecha si no te importa. –Trató de bromear un poco-

- Draco, por favor... –no soportaba ver ese dolor velado en los ojos de su amigo. No debería haberle dicho nada, sabía que Draco no era demasiado amante del sexo de una sola noche, a pesar de practicarlo. Draco prefería rollos cortos de uno o dos meses, y estaba claro que con Harry revoloteando a su alrededor no había forma posible de que Draco pudiera pensar en otra persona que no fuera Harry. No sería justo para terceros, ambos lo sabían. Ya lo habían vivido con cada relación fallida de Draco.

- No es nada Hermione, no te preocupes, –le contestó con una sonrisa, una sonrisa triste que decía mucho más que sus palabras- Tenerlo cerca de nuevo se me hace extraño... Pero tranquila, sólo necesito un poco de tiempo y me acostumbraré. Eso espero... –concluyó en un susurro. La mirada prendida en el héroe del mundo mágico que se entretenía jugando a Quidditch con los pequeños magos y brujas, incluyendo a la propia hija Draco.

El corazón le dio un vuelco. Ver a Elora y a Harry hablando y riendo... Era algo que no se había esperado, más aún teniendo en cuenta la reticencia con la que Elora lo había tratado inicialmente.
Recordó como después de las primeras reuniones en las que Eli había podido estar con Harry, había tenido que hablar con su hija sobre la frialdad con la que trataba a Harry. Elora lo había sorprendido explicándole que sabía quien era Harry, que sabía que Harry era el mago con el que él había estado viviendo antes de que ella naciera y que le había hecho tanto daño. Había abrazado a su hija, dejándola llorar en sus brazos, asegurándole que no le volverían a hacer daño, que no se preocupara, que todo iba a salir bien, y que no podía tratar a Harry en función de algo que no tenía nada que ver con ella y que había pasado hacía ya muchos años.

- Debes darte una oportunidad de conocerlo, Eli. –Recordó que le había dicho a su hija- Todo el mundo cambia y tiene derecho a una nueva oportunidad.

Las mentiras y los consejos a otros eran tan fáciles de decir, si simplemente él pudiera hacer lo mismo… Olvidar el pasado, olvidar el dolor y darse la oportunidad de conocer de nuevo a Harry. Si simplemente pudiera hacer eso, ¡que fácil que seria entonces todo!

Sus cavilaciones fueron interrumpidas de forma brusca, alguien le había lanzado un balón de básquet. El mismo alguien que se acercaba a Hermione y él con una amplia sonrisa en el rostro y un brillo divertido en los ojos.

- ¡Vamos Draco! Levanta ese blanco trasero tuyo de la tumbona y echemos un partidillo. – Dean Thomas, vestido en pantalón corto y camiseta de tirantes, se paró frente a él, soltando una carcajada- Venga Draco, lo de la carne va para largo, ahora están empezando a hacerse las primeras brasas, y me estoy aburriendo terriblemente. ¿O a caso tienes miedo de perder? –añadió malicioso, y largándose corriendo en dirección a la cancha de básquet que estaba justo al lado de la zona de barbacoa, finalizó- Venga, paliducho, que seguro que no metes un tiro ni que te ponga la canasta frente a la nariz.

Draco se levantó de un salto, haciendo callar a Hermione quien no paraba de reírse de su expresión indignada, buscó en su bolsa la ropa de deporte que había traído y se embutió rápidamente en un conjunto Nike de deporte, regalo de LeBron, se calzó las bambas y salió corriendo en la misma dirección que Dean.

- ¡Te voy a patear el culo Dean Thomas! –prácticamente rugió, al llegar a la pista, lanzándole el balón- Veamos que tan bueno eres Dean.

Para muchos de los que estaban en la zona de de las barbacoas la imagen de Dean Thomas y Draco Malfoy en “calzones”, como dijo un extrañado Ron Weasley, en una especie de pista de deportes con un balón naranja que no se movía era bastante sorprendente. Para otros en cambio era el pan de cada día. Neville se limitó a sonreírle a Ron y se dispuso a salir en socorro de su esposo.

- No seas duro con él Draco, su trasero es una parte con especial encanto- le dijo al otro mago, sorprendiendo a algunos de los presentes ante un comentario de ese tipo saliendo del tímido Neville Longbottom. Los ojos de Ron se abrieron como platos, mientras que Fred, Lee y Harry prácticamente rodaban por el suelo de la risa.

- Lo siento Neville, pero aquí tu esposo me ha llamado paliducho y ha puesto en duda mi buen juego. –le respondió haciéndose el ofendido- Semejante agravio a mi, ¡a un Malfoy! Se va a chupar mis 21 puntos antes de que tenga oportunidad de tocar el balón.

- Eres tan dramático Draco, cualquiera diría que hubiera puesto en duda, no sé... ¿Digamos tus atributos? –Si había algo que divertía a Dean era discutir con Draco, lo hacían a todas horas, picándose mutuamente, gastándose bromas, era su curiosa forma de comunicarse.

- No Dean, pero si sigues por ese camino, seré yo quien ponga los tuyos en duda –la amenaza soltada con una sonrisa, y en un rápido movimiento de mano, el balón que había estado botando Dean estaba en su poder. Dean frunció el ceño ante el robo del balón, pero la sonrisa volvió a aparecer en su rostro en unos pocos segundos.

- ¿Por qué Draco? Pensaba que tú mejor que nadie podías dar fe de los atributos de los hombre negros. –fue la replica dicha con toda la intención de hacer perder por unos segundos la concentración a Draco. En cambio éste sólo le miró, y lanzó el balón desde su posición en la línea de triple.

- Siempre hay excepciones Dean, y no todos los tópicos son ciertos, deberías saberlo tú mejor que nadie. Ahí tienes tres puntos para romper lo de que “los blancos no la saben meter”.

- Muy bien helado de nata, te voy a hacer sudar hasta que te derritas. –replicó Dean con un guiño- Empecemos de una vez el juego.

Dicho y hecho, la palabras pasaron a segundo plano y ambos amigos se enzarzaron en un muy ajustado uno a uno. Cerca de ellos, mientras las verduras se asaban y la carne se iba haciendo poco a poco, el resto de magos observaban la competición.

- Ojala no soltaran tanta referencia sexual cuando juegan, parece que no se dan cuenta que hay niños delante. –refunfuñó Neville dándole la vuelta a unas alcachofas. Harry le sonrió comprensivo- Y antes era peor, cuando James salía con Draco la conversación durante los partidos tenía un tono mucho más subido, claro que Elora y Kabul eran más pequeños por aquel entonces.

- ¿James? –preguntó Harry, recordando las imágenes de cierto hombre y Draco durante un partido de básquet en esa misma cancha en los vídeos que Hermione le había dejado. Los celos volviendo a prender en él.

- Sí, James LeBron, un jugador de básquet norteamericano con el que Dean hizo amistad cuando se empezó a interesar por el básquet y se puso en contacto con la comunidad mágica de allí. –Le explicó Neville, mientras vigilaba que Ron no volviera a apagar el fuego por exceso ventilación- Es un joven mago, pero se dedica al básquet y por lo que se ve es muy bueno. Dean lo invitó unos días a casa y bueno... Él y Draco se conocieron y estuvieron saliendo durante casi dos años. LeBron era algo más joven que Draco, cuatro años creo recordar, pero hacían muy buena pareja. Una lástima que al final no funcionara...

Neville continuaba hablando, explicando más cosas de su amigo allende del Océano Atlántico, sin parecer darse cuenta del efecto que sus palabras estaban teniendo en Harry. Lee y Fred en cambio, estaban sudando nerviosos ante lo que parecía iba ser una explosión contenida. Harry estaba pasando por todos los niveles posibles de celos y rabia. Y no ayudaba mucho tener a Draco delante jugando a básquet como un profesional.

Míralo que bien se mueve, pensaba Harry observando a Draco prácticamente babeando a pesar de los celos. Seguro que todo eso se lo ha enseñado ese tal “LeBron”, pronunció mentalmente con tono de burla, no quiero ni imaginar que otras cosas le habrá enseñado ese desgraciado.

Recordaba la conversación de unos minutos antes de Dean y Draco sobre atributos de los hombre negros, y sus celos no hicieron más que prender con más fuerza. La loca idea de aparecerse en Estados Unidos y darle un buen repaso al tal LeBron era cada vez más atractiva. Total, él era Harry Potter, el jodido héroe del mundo mágico, había hecho que Voldemort mordiera el suelo, ¿qué era en comparación un simple mago americano que ni siquiera se dedicaba a una profesión de mago?
No tendría ninguna posibilidad, claro que si pateaba a ese tío, también tendría que patear al resto de hombres que se habían acostado con Draco desde que se separaron, y por lo que sabía eso incluiría a Bill.
Se giró con el ceño fruncido buscando a Bill con la mirada, éste estaba sentado con Kingsley hablando de forma que no dejaba ninguna duda del tipo de relación que había entre ambos.

¡Mierda! Pensó Harry frustrado, No puedo patear a Bill, Kingsley me mataría. Obviamente no en un sentido literal, pero Kingsley Shacklebot era una de las pocas personas a las que respetaba como mayores a él.

Frustrado, celoso, furioso, y muy excitado con tanta visión de Draco sudoroso frente a él. Así se sentía Harry, y no estaba seguro de poderse controlar durante mucho más, así como tampoco estaba seguro de lo que haría cuando perdiera el control.
Su fortuna dio un vuelco en forma de una voz, en su opinión celestial, llamándolo por su nombre.

- ¡Harry! –gritó Draco desde la cancha- Pásame esa botella de agua que tienes junto a la mesa.

Harry reaccionó sin ni siquiera pensarlo, agarró la botella y se la lanzó. Si Draco le hubiera dicho en esos momentos que se subiera a la mesa e hiciera un strep tease cantando Lollipop de Buddy Holly, lo hubiera hecho sin pensarlo. Todo el enfado olvidado, los celos totalmente esfumados, sólo quedaba esa agradable sensación en su estomago de mariposas revoloteando.

- Buen pase, –le dijo Draco con una sonrisa- y gracias.- Girándose hacia Dean añadió- Venga Dean, vamos a por el desempate.

¿Cómo había podido vivir sin esa constante exaltación de cuando uno está enamorado durante los últimos diez años? Se preguntó observando el resto del uno a uno entre Dean y Draco con una sonrisa de tonta complacencia en el rostro. Seguramente de la misma manera que había vivido sin Hermione, sin Draco, o sin prácticamente sentir nada fuera de lo físico. Y así se quedó, observando a ambos magos jugar sumido en sus propios pensamientos y cavilaciones, hasta que los llamaron a todos para comer.

Por extraño que pudiera parecer, tanto Harry como Draco se sentían sorprendentemente tranquilos. Para Draco el recuerdo de sus propias palabras dirigidas hacia su hija en relación a Harry habían sido como un jarro de agua fría sobre su consciencia. La férrea decisión de si bien no borrar sus emociones sobre Harry respecto al pasado, sí tratar al menos de mirar hacia delante y darle una segunda oportunidad como amigo, arraigó en él. De lo demás aún no estaba seguro, y no tenía intención de planteárselo, si algo tenía que pasar, pasaría por más que él le diera vueltas al asunto, así que de nada servía preocuparse. Harry en cambio había llegado a la conclusión de que le gustaba la sensación de sentirse como en una especie de nube, y que si bien sería todo un gusto echarle un par de maldiciones a cada hombre que se hubiera acercado a Draco en su ausencia, no era algo factible de llevar a cabo. Por otro lado, seguramente Draco no estaría demasiado contento si todos sus ex-amantes eran capados por un Harry Potter en pleno ataque de celos. Menos aún cuando dicho ataque de celos, visto de forma racional, no tenía razón de ser, puesto que nada de eso hubiera pasado si en primer lugar él no hubiera dejado a Draco. Con estos pensamientos en mente, ambos magos se dirigieron ,junto con Dean, a la gran mesa que había sido habilitada para albergar todos los adultos, mientras que los niños comían en una mesa aparte.

La comida transcurrió de forma distendida, la carne finalmente se había hecho, las verduras estaban en su punto, el pan de ajo especiado de Harry estaba crujiente, y la ensalada de patata de los Malfoy deliciosa como siempre. Neville trató una vez más de sonsacarle el secreto, a lo cual Draco le respondió que antes debería cambiar el apellido de Longbottom por el de Malfoy. Los comentarios graciosos, las bromas, y hasta las conversaciones algo subidas de tono fueron en aumento a medida que la bebida traída por Harry iba disminuyendo. En palabras de Susan Finnigan: “Pues entra muy bien esta limonada, ¿cómo has dicho que se llama? ¿Pomada?”. Ante lo que Harry no pudo más que echarse a reír y decirle que sí, que la “limonada” se llamaba Pomada, pero que mejor tuviera cuidado porque llevaba limones especiales y tenía un efecto diferente al de la limonada normal, la risa fue generalizada, hasta que Seamus, apiadándose de su pobre esposa contraatacó girando las tornas en dirección a Harry.

- Harry, ¿por qué no nos cuentas cómo has esquivado a la prensa últimamente? Vamos tío, que estamos entre amigos, con nosotros puedes ser sincero.

- Supongo que porque no ha habido nada interesante para chismorrear. –le contestó, devorando un segundo plato de ensalada de patatas. Hacía años que no comía nada preparado por Draco y había olvidado lo increíblemente bueno que era en la cocina, por no decir lo sexy que quedaba con un delantal.

- ¡Oh vamos Harry! Que no te hayan pillado in fraganti con tus últimos affaires, no quiere decir que no haya habido ninguno. –continuó presionando Seamus

- Eso Harry, ¡cuenta, cuenta! – añadió Ron, vengándose de Harry por haberse estado riendo de él con sus intentos de encender una barbacoa- Desembucha los trapos sucios colega.

- ¿Me creeréis si os digo que no hay nada que contar? –preguntó con una sonrisa sobrada

-¡¡No!! –exclamó prácticamente toda la mesa. Harry rió ante la contundente respuesta y miró a Draco, quien lo miraba con curiosidad e interés, casi como esperando ver cual sería su respuesta para poder sopesarla.

- Pues siento desilusionaros, pero es la pura verdad. No he salido mucho últimamente, excepto con vosotros, cosa que ya sabéis, así que no os hagáis los sorprendidos. –dijo señalando a Ron y Seamus- Me he estado centrando en el equipo, haciendo vida sana, e interesándome por mis inversiones para el futuro. –Dijo posando su mirado sobre Draco por unos segundos- No me ha apetecido en absoluto salir de caza, de hecho la idea en estos momentos no me atrae lo mas mínimo – y deseando que aquellos que quisieran entender, ya leerían entre líneas, continuó comiendo.

- Ya claro... Con el cuento a otro, Harry. Nosotros te conocemos. –le dijo Ron mirándolo intensamente- ¿Quién es el afortunado o afortunada que te ha hecho perder las ganas de jugar?

- No estoy con nadie en estos momentos, Ron. Y como bien sabes, no he estado con nadie en una temporada. –respondió devolviéndole la mirada, fija, intensa, seria, y rogando para que dejaran el tema, porque no era algo de lo que quisiera hablar en esa mesa.

- Vale, ¿quién eres tú, y qué has hecho con el verdadero Harry Potter? –preguntó Ginny, rienéndose, ante la cara de agobio que Harry estaba poniendo.

- ¡De verdad que sois lo peor! Todo el día sermoneándome por mi vida alocada, y decadente según tú madre, Ginny. Y cuando decido asentar un poco la cabeza, y poner algo de orden, me saltáis con estas...

- Venga Harry, no te lo tomes en serio. – Respondió Seamus- Es sólo que ya sabes que te tenemos como icono. Al menos yo lo hago, tú eres el estandarte del mago soltero, libre, triunfador, un viva la vida, y ahora quieres desmontar mi fantasía. ¿A través de quién voy a vivir yo ahora si tu sientas la cabeza? Los demás estamos ya todos cazados, –palabras por las que se ganó un callejón de mano de Susan- hasta Ginny parece haber encontrado lo que andaba buscando. –ante lo cual la aludida pasó a demostrarle a todos lo mucho que le gustaba lo que había encontrado besando a Víktor apasionadamente.

- Mis condolencias Seamus, pero mucho me temo que te vas tener que buscar a otro icono. –le contestó a su amigo- Prueba con alguien más joven, yo ya tengo treinta años y he decidido que ya va siendo hora de bajar el ritmo y tomarme las cosas con tranquilidad. Voy a empezar a mirar hacia mi futuro, –repitió volviendo volvió a posar su mirada en Draco momentáneamente- es lo que necesito en estos momentos. Es lo que quiero. – Sólo que si de verdad hubiera podido decir lo que pensaba, ese último “que” habría sido un “quien”.

Por primera vez en años tenía la mente despejada y los objetivos completamente claros. Quería a Draco, lo quería dentro de su vida. Había malgastado diez años sin él, y aunque le gustaría poder arrepentirse de esos años, también sabía que no sería el hombre que era en esos momentos si las cosas hubieran sido diferentes. Para bien o para mal tomó una decisión en su pasado, una decisión que lo llevó a una vida de éxito profesional pero de una tremenda soledad personal, había seguido un largo camino. Había vivido con intensidad, permitiéndose todos los placeres de la vida, había experimentado y había dejado que sus sentidos guiaran sus pasos.
Ya no más; su mente había despertado de ese largo sueño, su corazón volvía a latir y con todo aquello que había vivido a sus espalda, con todas decisiones, errores y culpas sobre su conciencia, volvía a decidir. Escogía aquello que hacía diez años había rechazado, y volvía al punto de partido. Diez años para volver al inicio de todo, pero no eran los mismos, ni él, ni Draco, ni las circunstancias eran las mismas. Casi era seguro poder decir que ahora eran mejores. No se trataba de dos jóvenes inexpertos, esta vez pasara lo que pasara sería por la voluntad de dos hombres adultos, maduros, castigados y premiados por la vida de diversas maneras.

Sí, pensó Harry mirando a Draco, sentado en la otra punta de la mesa, ahora todo se ve claro.

Puede que Hermione le hubiera aconsejado que dejara pasar el tiempo, y lo iba a hacer, pero no pasaría en vano. Diez años sin Draco era ya demasiado, y si no lo podía tener por completo, por lo menos lo tendría como amigo, estaría cerca de él, a su lado, para lo que Draco lo necesitara. Le iba a demostrar que podía contar con él, iba a ganarse su confianza y respeto de nuevo. Por el camino, eso sí, no pensaba escatimar la oportunidad de lentamente, muy suavemente, tratar de ganarse su corazón, su alma y todo lo que Draco estuviera dispuesto a darle.
Seducción iba a ser su nombre a partir de ahora, y antes de que Draco se diera cuenta, estaría inmerso en un juego de detalles, palabras y gestos con el único propósito de devolverle la sonrisa que él le borró, de secarle las lágrimas que él provocó, de deshacer todo el daño que le causó, y de recomponer el corazón que rompió una tarde diez años atrás.

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